La importancia de la comunicación sexual en pareja

La importancia de la comunicación sexual en pareja

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Este artículo ha sido escrito y validado por la escritora BB Easton el 27 de enero de 2021.

La comunicación en el sexo, y en las relaciones en general, no es que sea importante, es básica. Cada vez, nos sentimos más cómodxs hablando de sexo, de prácticas sexuales, de masturbación pero aún hay muchas personas que no son capaces de decirle a su pareja lo que les gusta (y lo que no) y esto ocurre, principalmente, por miedo a su reacción o a lo que pensará sobre ellxs.

También resulta curioso como algunas personas que llevan juntas un tiempo más o menos largo, tampoco saben lo que realmente les gusta a su pareja en la cama porque bien lo han dado por hecho o no se han parado a preguntarle abiertamente.

En este post vas a leer una historia real de una persona real como tú que un buen día se dio cuenta de que lo que fallaba en su relación de pareja y en su satisfacción sexual y amorosa era algo tan simple pero a veces tan difícil de conseguir, como la CO-MU-NI-CA-CIÓN y dentro de ella, la comunicación sexual.

La satisfacción de las relaciones sexuales en pareja es directamente proporcional a la calidad de la comunicación sexual que exista.

“Comunicación

La comunicación sexual es vital en pareja.

Pero ¿a que nos referimos con comunicación sexual?

La comunicación sexual supone el intercambio de ideas y opiniones entre dos personas de todo lo relacionado con su vida sexual y se puede dar en diferentes formas y en diferentes momentos.

  • Hablar de sexo: Cuando no se habla de sexo, se tiende a dar por hecho o suponer lo que le gusta a la pareja, pero realmente no se sabe ciertamente porque nunca se ha preguntado.

  • Comunicación informativa durante la relación sexual: se puede llevar a cabo a través de la palabra o del lenguaje corporal. Por ejemplo, puedes guiar la mano tu pareja hacia donde quieres que te acaricie o reaccionando positiva o negativamente a una estimulación.

  • Comunicación afectiva: no todas las personas tenemos el mismo concepto de lo que es demostrar afecto ni lo demostramos de la misma manera. Se trata entonces de comunicar a tu pareja tu afecto y cariño, asegurándote de que “le llega”, es decir, de que recibe el mensaje adecuado, también durante la relación sexual.

Tras leer la experiencia de BB Easton, estamos seguros de que comenzarás a darle la importancia que se merece a la comunicación sexual y a decirle a tu pareja lo que quieres, cómo lo quieres, y cuándo lo quieres. Ahora sí, te dejamos con ella.

“BB"

BB Easton.

Si estás leyendo esto es porque seguramente has oído hablar de mí o de mi historia, y si no es por ninguna de estas dos razones, te voy a explicar por qué creo, y sobre todo espero, poder ayudarte.

Soy psicóloga infantil y hasta hace unos años a eso me dedicaba profesionalmente. Trabajaba en un colegio y también en mi casa ayudando a niños y jóvenes a modificar su conducta, a avanzar emocionalmente y a progresar de forma positiva en su actitud frente a su entorno. Y pensarás: y ¿qué hace esta chica escribiendo en un portal erótico? Pues, nada, que decidí empezar un diario, y la conducta que acabé modificando fue la de mi marido. Sí, sí, como lo oís. Y seguiréis pensando: vale, pero es que nos sigue sin cuadrar qué hace aquí esta chica, con el pelo rosa y esta pinta de no haber roto un plato en su vida. Pues que, con mi experiencia y mi formación, conseguí modificar la conducta de mi marido en la cama. Chicxs, y no os imagináis lo feliz que soy ahora y lo que disfruto con mi marido. ¡Allá voy!

«¿Me estás leyendo la mente?»

Ésa es una de las primeras preguntas que me hacía la gente cuando se enteraban de cuál era mi profesión. Como si los psicólogos tuvieran los poderes psíquicos de un médium. No, joder, claro que no leo la mente; intento mejorar tu mente para mejorar tu conducta. Porque os aseguro que la mente siempre es nuestra peor enemiga.

—No —decía con una risa educada.

«Ojalá», pensaba, poniendo los ojos en blanco para mis adentros. Me iría mejor, seguro, y ganaría más pasta.

Veréis: sabía que la idea de leer la mente era ridícula, imposible, y, aun así, cada día, cuando llegaba a casa del trabajo, eso era exactamente lo que esperaba de mi marido: que me leyera la mente. ¿No os ha pasado muchas veces? Que esperáis de las personas lo que vosotros haríais. O que esperáis que reaccionen de la misma manera que lo haríais vosotros. Pues no, el mundo no funciona así. Yo me las daba de psicóloga experta y, sin duda, estaba fallando en algo básico: la comunicación.

“Pareja"

A qué nos referimos cuando hablamos de comunicación.

Llegaba mi cumpleaños y nunca quería decirle a mi marido lo que me gustaría que me regalara, debería saberlo sin más. No quería decirle por qué estaba enfadada, sólo quería sentarme en el sofá haciendo morros hasta que lo adivinara. Y, desde luego, no quería decirle cuándo, dónde y cómo quería tener sexo. Él debería saberlo y punto, ¿no? Y si podía ser empotrándome como lo hacían mis ex novios, mejor: sexo de aquel que acabas y estás diez minutos jadeando como si hubieras subido al Everest. No. Estaba tan equivocada que da vergüenza.

Y no sólo porque mi marido es un robot (un robomarido, como le llamo cariñosamente en 44 capítulos sobre 4 hombres). Claro que su personalidad introvertida y su mente matemática no le hacen ningún favor en los temas románticos… Pero no importa quién sea tu pareja, te prometo que TAMPOCO PUEDE LEERTE LA MENTE.

Y cuando me di cuenta de este hecho, todo cambió.

Soy la autora del libro ”44 capítulos sobre 4 hombres", en el que se basa la próxima gran serie de Netflix: ”Sex Life.” Y en este libro explico cómo conseguí que mi marido cambiara su actitud en la cama y que a mí, literalmente, me cambiara la vida.

“Ken”

Ken, mi marido.

Esa falsa asunción (que mi marido debería ser capaz de leerme la mente) me llevó a toda clase de conclusiones desacertadas: que no me quería tanto como yo a él, que ya no le atraía, que la chispa de nuestro matrimonio se había esfumado. Una simple falta de comunicación creció hasta convertirse en un sentimiento real de pérdida y soledad. «¡Es como si sólo compartiéramos piso!», recuerdo gritar, frustrada, mientras Ken miraba al suelo, arrepentido de no haber cumplido las expectativas de las que nunca me había molestado en hacerle partícipe.

Entonces llegó el milagro. Empecé a escribir un diario íntimo y personal que escondía en mi habitación y al que llamaba Diario secreto de BB, para que mi marido supiera, si algún día se encontraba con él, que ni de coña, ni por asomo, ni por todo el oro del mundo, debía leer. En ese diario empecé a recordar a los cuatro ex novios que me han marcado la vida, sexualmente hablando. Aquí debéis pensar: pero esta chica, con su carrera, con sus estudios, con su casa y su marido, pues debe de haber tenido una vida de lo más normal… Aix, os equivocáis. Lo que no entiendo es cómo conseguí casarme con Ken, cuando mis ex novios han sido de lo más variopinto: desde un cantante de rock hasta un medio psicópata punk, pasando también por un fumeta…

Diario”

Diario secreto de BB.

El caso es que pese a este pobre perfil de ellos que os he dejado, he de decir que con todos me divertí mucho en la cama, muchísimo, y empecé a recordar los malabarismos sexuales que hacía con ellos. Y ¿qué pasó? Lo que nunca en mi vida hubiera imaginado. Yo pensaba: «Si un día Ken lee esto, cuando llegue a casa no estarán ni él ni los niños». Pero la simple idea de estar plasmando toda esa parte de mi vida y hacerlo como a escondidas ya me excitaba, así que seguí. Hasta que Ken encontró el diario y lo leyó. Y, amigxs, ¿sabéis lo que pasó? Que de repente un día mi marido se metió conmigo en la ducha, me volvió de espaldas y me hizo jadear como nunca. Otro día, esperó a que los niños durmieran para cogerme en la cocina, subirme a la encimera y hacerme maravillas. ¿Os dais cuenta de lo que estaba pasando? Mi marido había actuado de la última forma que yo había imaginado, estaba cogiendo ideas de mis experiencias pasadas para empezar a disfrutar juntos en la cama. El problema era la comunicación: yo nunca le había dicho lo que quería, cómo lo quería y cuándo.

Y entonces entendí que lo tenía que profesionalizar. Hablé con mi mejor amiga de la Uni, Sara, también psicóloga, y me dijo: «Tía, acabas de descubrir el santo grial para modificar la conducta marital. Lo vamos a petar». Y empecé a fingir y a escribir anécdotas que en realidad no me habían pasado pero que quería que mi marido aplicara. A la vez descubrí un libro del doctor Gary Chapman llamado Los 5 lenguajes del amor y me di cuenta, al fin, de cuál era mi problema. El doctor Chapman es un especialista en terapia de pareja que descubrió que cada uno comunica su amor de forma distinta. Algunos expresan su amor a través de palabras de afirmación. Otros, como yo, prefieren el contacto físico. Algunos usan regalos para dar y recibir amor, mientras que otros valoran compartir ratos juntos. Y algunos, como mi marido, usan actos de servicio para mostrar que les importas. Mi marido se ocupaba de todo, me descargaba de un montón de cosas porque creía que así me hacía feliz. Y, claro, por supuesto, pero faltaba lo más importante: nuestra parte íntima, que se había ido al traste hacía años. El problema no era que esperaba que mi marido me leyera la mente. El problema era que esperaba que mi marido hablara mi lenguaje.

“Comunicamos"

Comunicamos el amor de forma distinta.

Con el diario, aunque no era de manera directa, él estaba entendiendo mi actitud y aprendiendo lo que me gustaba, algo que nunca le había dicho. El amor, para mí, significaba mimos en el sofá, besos en la cocina y sexo en la ducha: encontrar formas de tener contacto físico cuando estábamos juntos. Así que cuando Ken se sentaba en el otro extremo del sofá, se cruzaba conmigo en el pasillo sin siquiera tocarme el culo, o se iba a la ducha solo, no me sentía querida. Pero Ken me estaba demostrando que me quería todo el tiempo, aunque de otra manera. Fregaba los platos, hacía la colada, cuidaba el jardín y hacía la compra. Si yo trabajaba hasta tarde, él hacía la cena. Si el coche necesitaba gasolina, él iba a llenar el depósito por mí. Yo interpretaba todos esos gestos como simple y llana amabilidad, cuando en realidad era su forma de decir «te quiero».

Gracias a ese diario y a Los 5 lenguajes del amor, aprendí que Ken y yo no teníamos un problema en nuestra vida íntima. Teníamos un problema de comunicación. Ken se comunicaba con actos de servicio y yo…, bueno, yo no me estaba comunicando para nada. Sólo estaba enfurruñada con la vida y con el mundo. Pero la buena noticia es que había otro lenguaje que podíamos probar y que los dos entendíamos a la perfección: el verbal.

Así que empecé a decirle a Ken, con palabras, lo que quería para mi cumpleaños. Y ¿sabes qué? ¡Me lo compró! Si le decía que estaba molesta por algo, ¡me escuchaba! Y ahora, en vez de esperar que sepa cuándo, dónde y cómo quiero tener sexo, simplemente lo llevo de la mano por el pasillo recién fregado, pasando por la cocina que todavía huele a la cena que ha preparado, hasta nuestra habitación, donde quito una pila de ropa recién doblada de nuestra cama, retiro las sábanas y lo amo de la manera que a mí me gusta, y así le digo que yo también le quiero.

Espero que, con mi experiencia, aparte de divertiros y reíros muchísimo (he de confesar que hay escenas que, al recordarlas, me hicieron llorar de la risa), entendáis que las historias de Disney, chicxs, no existen, que el príncipe azul no vendrá a rescatar a nadie y que, o hablas y te expresas, o estás destinado al ofuscamiento, al fracaso y, por qué no decirlo, a una aburrida rutina sexual. Os lo aseguro: ya no es mi caso.

BB EASTON

Habla

Habla y exprésate para disfrutar más de tu sexualidad.

Hablar de sexo antes, después y durante de las relaciones sexuales es tremendamente beneficioso para la relación de pareja.

La sexualidad es importante en la vida de cualquier persona, y por lo tanto de cualquier relación, de ahí que sea vital cuidar la comunicación sexual ya que, si es deficiente o inexistente, puede afectar y mucho, a las experiencias sexuales y por tanto a la relación en su totalidad.

Nos han enseñado que, en cuanto a nuestra sexualidad, hay cosas de las que mejor no hablar y esto es el mayor error que podemos cometer.

Como has visto, es recomendable hablar abiertamente con tu pareja sobre sexo antes, durante y después de las relaciones sexuales porque una buena comunicación afectiva y sexual permite fortalecer el vínculo entre los dos y ser capaces de transmitir de manera asertiva vuestros deseos y necesidades, disfrutando de mejores experiencias.

  • Todas las imágenes de este artículo han sido diseñadas y creadas por Diversual y no podrán usarse sin consentimiento previo.

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BB Easton
BB Easton

BB Easton es licenciada en Psicopedagogía y vive en Atlanta con su marido y sus dos hijos.

Empieza a escribir casi sin darse cuenta, animada por las historias que había leído durante sus noches de lactancia. Su tono fresco y directo caracteriza sus obras en las que comparte experiencias propias vividas y consejos para mejorar la sexualidad y la comunicación en pareja.

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