Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga y sexóloga Arola Poch el 29 de septiembre de 2026.
¿Y si durante un rato jugamos a ser otra persona? ¿Alguien desconocido, con mucho o con poco poder, una versión de ti más atrevida o más segura? El roleplay, o juego de roles, consiste en introducir personajes, situaciones o maneras diferentes de relacionarnos en el terreno erótico. Puede sonar a disfraces, guiones o situaciones muy elaboradas pero también es algo mucho más sencillo. A veces basta con cambiar la actitud, añadir un detalle a la vestimenta o imaginar que las dos personas que están en la habitación no son quienes son en su vida cotidiana. Así la situación cambia, durante un rato las reglas habituales dejan de mandar y eso puede hacer el roleplay interesantemente excitante.
Algunos juegos de rol eróticos típicos son la maestra que enseña una lección al alumno, la enfermera o el médico que explora al paciente o dos personas desconocidas que se conocen en un bar. De hecho, en un episodio de la comedia Modern Family, Claire y Phil jugaban a esto último, así que si llega a una serie popular será que no es algo demasiado raro. Pero la imaginación puede ir hasta el infinito y más allá: jugar a ser personajes de otra época o de otro universo, viajar a otro país, simular que se está en una primera cita o en un reencuentro después de muchos años sin verse. O también puede tratarse de un cambio de actitud, como dejar que salga esa parte especialmente desinhibida, provocadora o quizás obediente que está dentro de cada una.
El role play puede aportar mucho juego a la relación.
¿POR QUÉ RESULTAN EXCITANTES LOS JUEGOS DE ROL?
Algunos aspectos por los que el roleplay puede resultar excitante:
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Novedad: Las relaciones sexuales pueden caer, con el tiempo, en cierta monotonía. Sabemos qué hacemos, cuándo lo hacemos y hasta qué cara pondrá nuestra pareja. Introducir algo diferente rompe ese guion.
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Exploración: El roleplay permite explorar partes de nosotros mismos que quizá normalmente mantenemos bajo control. Una persona muy tímida puede sacar una parte desinhibida. Alguien acostumbrado a llevar las riendas puede jugar a cederlas. Una persona que en su vida cotidiana es extremadamente responsable puede permitirse ser impulsiva. Y esto, además, puede tener un cierto efecto liberador ya que puede ayudarnos a romper barreras autoimpuestas y a descubrirnos en otros registros menos conocidos.
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Imaginación y anticipación: Ayuda a fomentar las fantasías sexuales, a buscar qué excita y a explorar el erotismo. Las fantasías activan y estimulan nuestra mente y la mente es un órgano fundamental en nuestra sexualidad. Además, el juego no empieza necesariamente cuando las dos personas se encuentran. Pensar previamente qué personaje o situación estimula el deseo antes de que empiece el encuentro.
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Fantasía versus realidad: Representar un personaje o una determinada situación no implica que esa conducta forme parte de nuestra identidad o que la queramos hacer. Se puede disfrutar de una fantasía precisamente porque existe dentro de un espacio controlado y seguro donde nos podemos permitir dejarnos llevar y explorar.
Jugar a ser otrx puede ser muy excitante.
DIFERENTES NIVELES DE ROLEPLAY
Se podrían definir diferentes niveles dentro del role play:
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Nivel 1: pequeños cambios. Es el más sencillo. Cambiar la actitud, utilizar alguna frase diferente, imaginar que se está en otro contexto o introducir un elemento nuevo.
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Nivel 2: personajes. Aquí ya se interpreta deliberadamente a otra persona. Puede haber un nombre, una personalidad, una forma de comportarse o una pequeña historia que nos mete más en el papel.
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Nivel 3: escenario. Además de los personajes, se construye una situación concreta: dónde están, qué acaba de ocurrir, qué relación tienen entre ellos... El contexto empieza a formar parte importante del juego.
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Nivel 4: puesta en escena. Es la versión más elaborada. Puede incluir ropa, accesorios, preparación previa, guion, ambientación o incluso utilizar determinados espacios.
Como siempre que hablamos de sexualidad, no hay una opción más válida que otra. Para algunas personas, una pequeña modificación puede resultar excitante, mientras que otras disfrutan pensando y construyendo todo un universo alrededor del encuentro.
Y también como siempre, el consenso previo es fundamental. Que sea una ficción no significa que todo valga. Sobre todo cuando hablamos de juegos en los que puede haber un cierto intercambio de poder, será muy necesario hablar de límites y de qué apetece explorar. Un personaje puede tener libertad pero siempre dentro de unos límites previamente acordados.
Experimenta los diferentes niveles de role play.
¿Y SI ME DA VERGÜENZA HACER ROLE PLAY?
La vergüenza es uno de los principales obstáculos. Decir una frase que nunca diríamos normalmente, adoptar una postura diferente o interpretar un personaje puede hacernos sentir ridiculez e inseguridad. Y entonces no sentir que estamos siendo sino más bien que estamos interpretando un teatrillo que no nos creemos. Ante esto una buena idea de partida es darse permiso para jugar y para ello nada mejor que estar con alguien que nos dé la confianza suficiente para dejarnos llevar y para sentir que si algo no sale perfecto tampoco pasa nada.
Se puede empezar con algo muy pequeño, no hace falta pasar de cero a una escena completa. Se puede introducir una frase, una actitud o una situación y comprobar cómo nos sentimos. También ayuda hablarlo fuera del encuentro sexual. Decirle a la pareja qué nos genera curiosidad, qué nos da vergüenza y qué nos gustaría probar permite reducir parte de la presión.
Hay que entender que cuando se está en un juego de rol no se actúa desde el yo, sino desde el personaje en esa situación. Esta distancia psicológica puede servir para permitirnos ser de otra manera durante un rato.
Por otro lado, recordar que no tenemos que ser buenos actuando. El roleplay no es una prueba de interpretación, puede haber risas, frases que salen mal, momentos absurdos. Todo eso forma parte del juego.
Y jugar tiene una función muy importante en la sexualidad adulta. Nos permite probar, imaginar, equivocarnos, reírnos y descubrir qué nos gusta. Quizá por eso el roleplay resulte tan atractivo, porque durante un rato podemos permitirnos ser otra versión de nosotros, quizás una que no podemos o que no nos atrevemos a ser habitualmente.
Sácale todo el partido al role play.
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