Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga y sexóloga Arola Poch el 07 de abril de 2026.
El sexo heterosexual tiene un final que se repite más veces de las que debería: él llega al orgasmo y ella, puede que sí o puede que no. No es excepcional ni anecdótico que en este tipo de encuentros esto siga pasando. A pesar de que cada vez más las mujeres somos conscientes y nos encargamos de nuestro placer, seguimos arrastrando ciertos prejuicios que no favorecen al goce femenino y eso se traduce en una desigualdad sexual que tiene nombre: brecha orgásmica.

La brecha orgásmica en relaciones heterosexuales.
¿QUÉ ES LA BRECHA ORGÁSMICA?
La brecha orgásmica es la diferencia sistemática en la frecuencia con la que hombres y mujeres en relaciones heterosexuales alcanzan el orgasmo en sus encuentros sexuales. Esta diferencia, que se traduce en un 30% más a favor de ellos, se ha evidenciado en varios estudios que confirmaban el mismo patrón, siendo uno muy nombrado “Differences in Orgasm Frequency Between Ga equency Between Gay, Lesbian, Bisexual, Lesbian, Bisexual and Heterosexual Men and Women in a U.S. National Sample”. Tras analizar los datos de una encuesta con una muestra bastante amplia (más de 50.000 personas) se obtuvo que los hombres heterosexuales solían llegar al orgasmo un 95% de las veces que tenían relaciones mientras que las mujeres heterosexuales lo hacían un 65%. Si el dato ya es llamativo en sí mismo, si se añaden otras orientaciones aún lo es más. Y es que en mujeres lesbianas el porcentaje era del 86% y en bisexuales del 66%, así que el problema no es el género sino la interacción. Por completar los datos, los hombres homosexuales llegaban al orgasmo un 89% de las veces y los bisexuales, un 88%. En definitiva, las peores paradas las mujeres heterosexuales y bisexuales.
Hablar de la brecha orgásmica es más que hablar de sexo. Implica preguntarnos por qué el placer de unos se da por hecho mientras el de otras sigue negociándose e, incluso, normalizándose cuando no está. De acuerdo que el placer no es solo el orgasmo y que conseguir este no debería ser el objetivo de un encuentro sexual, pero si sistemáticamente no se alcanza, entonces sí debemos poner atención ahí.

Hablemos de la brecha orgásmica.
¿POR QUÉ OCURRE LA BRECHA ORGÁSMICA?
Hay diversos motivos que pueden explicar esta desigualdad:
Un modelo de sexo coitocentrista. Los encuentros sexuales siguen basándose en la penetración y esta es una práctica que, en general, estimula muy directamente a ellos y menos a ellas.
Poca atención al clítoris, el principal órgano de placer femenino. Vinculándolo con el punto anterior, la penetración no es una práctica que excite directamente a este pequeño gran órgano. A través de su estimulación externa se acostumbran a conseguir mayores éxitos. El coitocentrismo hace que se pierda atención al clítoris, cuando en realidad no son incompatibles.
Falta de educación sexual enfocada en el placer. Durante mucho tiempo el placer masculino se ha dado por hecho, el femenino no importaba. Ya hoy está más claro que el placer de ambas personas es necesario para un encuentro satisfactorio. Y aunque van cambiando las cosas, aún falta camino por recorrer porque a pesar de saberlo, se siguen reproduciendo guiones sexuales que no ayudan a ello.
El desconocimiento del propio placer. Una educación sexual basada en la prevención, como se ha hecho durante mucho tiempo, no anima al autoconocimiento y sin él no vamos a saber qué nos gusta o cómo. Y no se puede pretender que otra persona sepa qué nos da placer si nosotras mismas no lo sabemos. Cada cual es responsable de sus orgasmos.
Dificultades para comunicar lo que gusta o se necesita. Por vergüenza, timidez, desconocimiento, por no dañar “el ego” del acompañante… a algunas personas les resulta difícil decir qué quieren en cada momento.
Guiones culturales donde el orgasmo masculino marca “el final”. Cuántas veces cuando el hombre se corre, se acaba la partida. Por desconocimiento, por patrón aprendido, por egoísmo... Pero el fin de una erección no tiene por qué significar el fin del juego.

¿Por qué se da la brecha orgásmica?
¿QUÉ HACER PARA DISMINUIR LA BRECHA ORGÁSMICA?
De los motivos surge un claro antídoto: una educación sexual integral que tenga en cuenta los placeres, el conocimiento, la comunicación… Aquí, en realidad, está la base de casi todo lo que tiene que ver con la satisfacción sexual. Pero vamos a detallarlo más:
Descentralizar la penetración. Tener muy presente que la mayoría de mujeres no llega al orgasmo solo con esta práctica. Y dar más importancia al clítoris, a otras prácticas y a entender que el sexo no es una línea recta, sino que es un mapa con muchos caminos.
Poner el placer femenino también en el centro. Eso pasa por construir encuentros sexuales conjuntamente, consensuar goces y, seguramente, romper guiones.
Mejorar la comunicación sexual. Decir qué gusta y cómo no corta el momento, lo afina. Para ello es necesario trabajar también la asertividad sexual, es decir, la capacidad de comunicar de forma honesta, directa y respetuosa los propios deseos, necesidades y límites en el ámbito sexual.
Ampliar la definición de sexo. El sexo es más que algunos “preliminares” y penetración y es más que el orgasmo. Explora, descubre y disfruta el camino. El orgasmo así es más fácil que llegue.
Quitar presión al orgasmo. Suena paradójico, pero cuanto más buscamos el orgasmo, más se aleja.
Fomentar la autoexploración. Conocer el propio cuerpo no es opcional, es fundamental. Cuánto mejor sabes qué te gusta, más fácil es compartirlo.
Cuestionar los guiones sexuales aprendidos. ¿Lo que hacemos en la cama es elegido o repetido? ¿Estoy haciendo lo que realmente me gusta o lo que pienso que toca? ¿Esto lo hago porque funciona o porque siempre ha sido así? Reducir la brecha pasa por preguntarse todo esto y respondérnoslo de manera honesta.

Cómo disminuir la brecha orgásmica.
Reducir la brecha orgásmica no es solo una tarea de ellas, también es de ellos. La igualdad pasa por que todas las partes la entiendan necesaria y se impliquen.
Reducir la brecha orgásmica requiere de miradas distintas. No se trata necesariamente de aprender algo nuevo, sino de desaprender un modelo de sexo donde el placer femenino ha sido, durante demasiado tiempo, opcional.
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Pregunta a la sexóloga